martes, 1 de julio de 2008

Rimas

Los meses

Treinta días trae septiembre

Con abril junio y noviembre

De veintiocho sólo hay uno

Y los demás treinta y uno


Que llueva, que llueva


Que llueva, que llueva

La virgen de la cueva

Los pajaritos cantan

La madre se levanta

Que sí

Que no

Que caiga un chaparrón

Cuentos contados



E
n el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos. Para escapar del lobo, los cerditos decidieron hacerse una casa. El pequeño la hizo de paja, para acabar antes y poder irse
a jugar. El mediano construyó una casita de madera. Al ver que su hermano pequeño había terminado ya, se dio prisa para irse a jugar con él. El mayor trabajaba en su casa de ladrillo. - Ya veréis lo que hace el lobo con vuestras casas- riñó a sus hermanos mientras éstos se lo pasaban en grande.

El lobo salió detrás del cerdito pequeño y él corrió hasta su casita de paja, pero el lobo sopló y sopló y la casita de paja derrumbó. El lobo persiguió también al cerdito por el bosque, que corrió a refugiarse en casa de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y la casita de madera derribó.

Los dos cerditos salieron pitando de allí. Casi sin aliento, con el lobo pegado a sus talones, llegaron a la casa del hermano mayor. Los tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puertas y ventanas. El lobo se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua.
El lobo
comilón descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó. Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás quiso comer cerdito.

FIN.

Adivinanzas



Negra por dentro,
negra por fuera,

es mi corazón
negra madera.


La madera


Soy blanca como la nieve
y dulce como la miel;
yo alegro los pasteles

y la leche con café.


El azúcar


Una pregunta muy fácil
sabiéndola contestar,
¿qué planta se riega justo,

cuando la van a cortar?


La barba

Traba trabalengua


Ombligo obligado,
obligo ombligado,
ombligo y obligo,
por uno y otro lado.


Una niña ñoña
hacía muchas ñoñerías,
porque la niña añoraba
los moños del otro día.

Pancha plancha con ocho planchas,
¿Con cuántas planchas plancha Pancha?

Azul a su lado,
a su lado azul,
es manta o es manto
de tela o de tul.

Lado, ledo, lido, lodo, ludo,
decirlo al revés lo dudo,
ludo, lodo, lido, ledo, lado.
¡Qué trabajo me ha costado!

Claro Clip


Existió alguna vez una historia sobre un gato sonriente y regalón como cualquier otro de su especie. Felipe, su dueño era un pequeño niño que lo amaba y lo cuidaba, ellos siempre hacían cosas juntas y Felipe disfrutaba sacándolo a pasear. Lo que él no sabia era que su pequeño gato guardaba un extraño, pero maravilloso secreto. Todas las noches cuando Felipe se iba a dormir a su habitación junto al gato, éste, a media noche se levantaba, y se iba a un rincón escondido en la habitación, sacaba una caja que el guardaba secretamente, en el que se encontraba un diminuto clip, su amigo.

En las noches ellos se reían mucho y el gato le contaba todas las cosas que hacía con su amo, al clip le encantaba escuchar esas hermosas historias y deseaba un día poder conocerlo.

Una mañana muy temprano Felipe decidió ordenar su habitación y encontró la cajita donde dormía el pequeño clip, la abrió y se encontró con ese útil alambre, el que le serviría para guardar sus historietas, el gatito en ese momento fue a buscar a su amigo y se dio cuenta que en las manos de Felipe estaba el clip. Desesperado por contarle al niño que era lo que tenia en sus manos lo siguió hasta el escritorio donde el se dirigía. El gato maullaba y decía: Claro! Claro!

Felipe no entendía que quería decirle su amigo, lo miraba con una gran sonrisa y lo acariciaba, hasta que por fin entendió que clip tenía un nombre, miro a Claro el clip y notó una sonrisa tímida y algo asustada…

El niño volvió a sonreír y dejo a Claro con su amigo el gato.

Por fin un ser humano pudo entender que no son los únicos que pueden sentir y existir en la tierra.